A principios de siglo, el
medio de transporte de pasajeros y mercaderías más
importante era el marítimo.
Guayaquil desde esa época ya se imponía como
uno de los puertos más importantes de América,
recibiendo productos destinados para todas las ciudades del
país.
El arribo de un buque era todo un acontecimiento, en una
ciudad suavemente acariciada por las aguas del Río
Guayas, románticamente vestida con la madera noble
utilizada en la construcción de sus viviendas, embellecida
su vegetación y la brisa que refrescaba y mantenía
a sus habitantes enamorados con el paisaje de un puerto de
los años 1900.
La historia empezaba con la campana de puerto que anunciaba
la proximidad de un buque.
Desde 1910 tras el repique de esta, el Sr. Francisco Recalde
Rites, se preparaba para zarpar en una gabarra con un agente
de inmigración y un par de marinos, con destino a la
Isla Puná; lugar donde acoderaban los vapores. Mediante
una escalera de cabuya y palo que colgaba desde el puente
ascendía cuidadosamente para cumplir con su obligación.
El trabajo del Sr. Recalde empezaba con el Manifiesto de
abordo; con este documento regresaba a Guayaquil y desde su
despacho redactaba la información, utilizando tinta,
papel y mimeógrafo se establecieron los fundamentos
de una gran Empresa.
Así empezó nuestra historia hace casi ya 100
años. Desde aquella mística y romántica
época hasta nuestros dinámicos días.
Manifiestos sigue operando con lo mejor de cada siglo; con
la responsabilidad, moral y ética de los años
1900 y con la tecnológica eficiencia y calidad de servicio
de los 2000.
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